domingo, 24 de mayo de 2009

Estampa cubana
Anna Rosa Veitía, Grupo Decoro
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - El martes fue uno de esos días tremendos que uno quisiera que pasaran rápido. Manuel "el guarapero" salió de su casa hecho una salación dispuesto a irse adonde el viento se lo llevara, atiborrado por los problemas que ocasiona la repartición de una cena en una casa cubana. Se fue a la parada de la guagua y se montó en la primera que se detuvo. Notó, luego de unos minutos de viaje que le rozaban los bolsillos del pantalón y pensó enseguida en un carterista. Pero nada a su alrededor le pareció anormal. Caminó al fondo del vehículo y ganó un pequeño espacio pegado a la puerta trasera.
A la altura del Cerro ya había decidido a dónde ir. Bajó del ómnibus y se encaminó a casa de Osvaldo, antiguo compañero de trabajo quien lo recibió con un abrazo.
- ¡Entra, mi socio, entra! Hacía rato que no te veía!
- Ná, compadre, estaba obstinado en la casa con veinte mil problemas arriba, sobre todo con el lío de la comida y salí a refrescar sin rumbo. En la guagua me di cuenta de que estaba cerca de tu casa.
Aparecieron entonces Claudia, la esposa de Osvaldo y Cristian, el hijo. Abrazos, apretones de mano, besos y admiraciones.
- Bueno, socio, estamos en familia -le dijo Osvaldo a Manuel- así que si quieres pasar al comedor... porque en este instante nos vamos a sentar a comer. ¿Gustas?
- No no, no te preocupes, ya comí -dijo Manuel, apenado.
- ¿No aceptas? -rispostó Osvaldo. Bueno, de todas maneras pasa al comedor con nosotros para que nos hagas compañía.
La madre de Osvaldo y la mujer sirvieron la mesa. El plato único era frijoles colorados. "Huele bien -pensó Manuel-, lástima que dije que no quería".
- Abuela, no me echaste un pedacito de chorizo -reclamó Cristian.
-Mima, revuelve bien la cazuela y busca el condenado chorizo -dijo Osvaldo.
-Hoy me toca a mí el chorizo, porque la otra vez me dejaron fuera -reclamó el muchacho.
Entonces saltó la abuela, poniendo punto final a la discusión.
- ¿Qué pasa, eh? ¿Se van a poner a discutir ahora? -preguntó muy seria. El pedazo de chorizo es para mí, nunca me toca y soy la más vieja y tengo que alimentarme. Así que se acabó la discusión. Me dan mi chorizo.
Manuel se dio cuenta que observaba la misma imagen de momentos atrás en su casa. Se levantó de la mesa, se despidió de sus amigos y salió de la casa mientras la abuela se acomodaba la prótesis en la boca, lista ya a devorar el pedazo de chorizo que por ley de la edad le correspondía.

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